Creo que bajo ese pesado sombrero, sobresaliendo por entre los tirabuzones, se entrevé una mirada inquieta, mientras su cuerpo, escondido dentro de la negra levita, recela temerosamente. Quizás mi barba es el motivo de su desconfianza: renacida, honda, larga, muy poblada, como la de Jesús en todas sus pinturas. La semejanza es quizás el motivo del recelo, es la culpa que no duerme, de un pueblo perseguido que persigue, la conciencia de quien ha sido apaleado y apalea, es el miedo del judío errante, que camina y sigue, en busca de un mesías, que busca con desespero, salvo en su propia alma y casa.
.
No saben, sin embargo, que yo, hijo de romano y león, quemé la primera biblioteca, y que, siguiendo el ritual, he llevado mi evangelio hasta China y África, ¿y qué contarles de “Las Américas” y mi matanza?, siento la misma vergüenza profunda en mi sangre. Entonces les miro y me formulo, creo, la misma pregunta. Es simplemente la crónica de todas las esperas, todos los miedos, todas las esperanzas.
.
No saben, que aquí, mientras de noche paseo por las calles oscuras de Montreal, cubiertas de lluvia fina y hojas, de otoño que se deshace en el viento, no trato sino de escapar de imitaciones y rituales. No ando, sino al encuentro del saber.
.
No saben, que yo, en esta distancia nula e infinita entre mi paso y mi alma, estoy tan lejos de mi casa como ellos de la suya. No saben, en definitiva, que, hombres los dos, nuestro exilio es el mismo, luego, nuestra plegaria, la misma.
.
No saben, sin embargo, que yo, hijo de romano y león, quemé la primera biblioteca, y que, siguiendo el ritual, he llevado mi evangelio hasta China y África, ¿y qué contarles de “Las Américas” y mi matanza?, siento la misma vergüenza profunda en mi sangre. Entonces les miro y me formulo, creo, la misma pregunta. Es simplemente la crónica de todas las esperas, todos los miedos, todas las esperanzas.
.
No saben, que aquí, mientras de noche paseo por las calles oscuras de Montreal, cubiertas de lluvia fina y hojas, de otoño que se deshace en el viento, no trato sino de escapar de imitaciones y rituales. No ando, sino al encuentro del saber.
.
No saben, que yo, en esta distancia nula e infinita entre mi paso y mi alma, estoy tan lejos de mi casa como ellos de la suya. No saben, en definitiva, que, hombres los dos, nuestro exilio es el mismo, luego, nuestra plegaria, la misma.
.
.
.

