En mi estado fundamental, contemplo el mundo como un pentagrama vacío. La nada asusta e impresiona. La inspiración de la creación no siempre está de nuestro lado. Aquí, mi música y las cuatro melodías que la intuición me susurra.

28 agosto, 2009

libertad...

Me he levantado después de dormir unas diez horas, aunque aquí aun sean las 6:30, para escribir una carta. He encendido el portátil y he abierto el editor, pero entonces he recordado que prometí que la primera carta que escribiría sería para ti.
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Hace ya muchos días que ideé y planeé esta carta y su contenido, pero las obligaciones de las últimas semanas en Mataró me impidieron sentarme a escribirla, como me hubiera gustado, de mi puño y letra. Así que sobre la marcha, tendremos que ir desgranando de nuevo las ideas, y vistiéndolas con ilusión, como si se tratase de su primer día de escuela.
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Como con tus primos, no hablaré para que me entiendas hoy, sino guardando palabras en un jardín que espero que descubras, por ti misma, algún día. No creas, sin embargo, que ese jardín, Carlota, contiene verdad alguna, sólo encontraras los buenos deseos para ti de tu tío, porque aunque la persigo y la perseguiré, aunque sé que existe, la verdad, sé a ciencia cierta que no la llegaré a conocer nunca. ¡Caramba! Esa derrota de ante mano puede parecerte espeluznante, pero en realidad es maravillosa, y aunque no lo creas, se llama libertad.
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Tío Braulio, dice que la verdad no existe, pero yo sé bien que eso no es cierto. ¡Existe! ¡Y tanto que existe! Lo único que es una cosa demasiado grande como para que nosotros lleguemos a entenderla, tan grande que está escondida en la singularidad más honda de todas las cosas, incluidos nosotros mismos. Tendríamos que dejar de ser para observarla, y verla como el todo que es, y eso, ahora mismo, no nos conviene mucho [¡qué pésimo chascarrillo!].
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Pero tío no va errado del todo. Él lo que realmente quiere decir que es ningún hombre posee la verdad. Y en eso, aunque con matices de carácter práctico, tiene toda la razón. Los hombres son verdad, pero no la poseen, como tampoco se poseen a sí mismos. ¡Vaya contradicción! Primero te hablo de libertad, y ahora te digo que no nos poseemos ni a nosotros mismos [porque no nos conocemos del todo a nosotros mismos].
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Sí, es una paradoja preciosa, ¿no crees? Es la paradoja que más me hace sonreír últimamente. Con otras palabras traté de hablarle de ella a Teià el otro día, pero utilizando la ternura como fibra del espacio–tiempo. A ti, en cambio, te hablaré de ella utilizando las palabras de un astrofísico, Simon White, que leí ayer en La Contra de la Vanguardia:
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“Siempre me fascinó la manera en que el universo obedece a las matemáticas: Newton idea una breve fórmula y, con ella, explica cómo se mueven los planetas: algo que a Kepler le llevó toda una vida observar. Einstein describió el universo matemáticamente, pero se enfadaba porque no acababa de encajar... Hasta que Hubble evidenció que estaba en expansión y, entonces, Einstein apreció que no acababa de encajar porque nunca era igual a sí mismo. Las matemáticas no se habían equivocado nunca.”
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Las matemáticas existen, la estructura y las ideas, son; pero como se despliegan, como se ‘expanden’ es el jardín mágico donde se ubica nuestra libertad, y te garantizo que es un jardín precioso porque allí, podemos pintar y crear aprovechando el olvido que nos distancia del lugar de dónde venimos, pero también haciendo uso del recuerdo de lo que somos. ¡Sí! También ese desplegarse es parte de la esencia de esas matemáticas, estos es, nuestra vida, es verdad, una gran verdad, la distancia infinita entre el olvido y el recuerdo.
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¡Ay! Carlota, vamos a dejarlo ya por hoy. He escrito un montón de cosas sobre las que sé muy poquito, y ahora me sonrojo. Esos pensamientos míos están aún muy, muy verdes. No, son del todo inútiles, no obstante. Mientras te describía mis inquietudes actuales, he recordado cuáles eran las cosas que inicialmente había planeado para esta carta.
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Distancia es una palabra que ha aparecido varias veces a lo largo de esta carta. Aparece, porque es uno de los puntos sobre los que se inician mis reflexiones. Distancia es un concepto matemático que da mucho juego, pero también es un símbolo muy bonito de las diferencias entre lo que creemos y lo que sabemos. Distancia, a veces, me parece un símbolo precioso de pregunta.
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Y de una pregunta y de distancia como sinónimo de pregunta, quería yo hablarte. Porque cuando escribí mentalmente esta carta, ya sabía que me iba, sabría que iba a pasar unos meses a muchos quilómetros de ti, y quise entonces decirte, que no te dejes guiar por los convenios. Hazte preguntas, abre y cierra distancias, pero de las reales, no de las de kilómetros. Es cierto que nos separan unos muy muchos kilómetros, pero la distancia entre tú y yo es, no lo dudes, bien chiquita. Nos unen el amor y el cariño, que como tu padre y tu padre, te enseñaran, va mucho más allá de la sangre. Pero también esa distancia ábrela y ciérrala. La sangre, nos pone en contacto, pero somos nosotros al desplegar libremente, ese camino del que te hablaba antes, le damos significado, los que hacemos que cobre sentido. Entiendo eso, llegarás a querer y a sentirte mucho más cerca de los tuyos.
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En esas ando yo aquí sumergido. Aquí vengo, viajando a lomos de mis verbos, para acercarte hasta ti todo mi cariño. Espero pues, que esta sea la primera de muchas cartas y conversaciones entre ambos.
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Un beso de tu tío,
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David
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Pd: ¡cuida de tus papás!

22 agosto, 2009

Geometría I


El placer de comprender cosquillea como arena que se escurre entre los dedos. Suave y dulce. Es el murmullo del mar, las olas que van y vienen, que nacen, pero que enseguida mueren. Nuestra esencia es el olvido, nuestra condena, y nuestro reto, también nuestra oportunidad, el recuerdo.
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Ciclo, en un ciclo, círculo vicioso, como Sísifo, cada día debemos recorrer, en un proceso asintótico en lo efectivo y en lo bello, una distancia inalcanzable, como la velocidad de la luz, entre un pasado que no recordamos, desmemoriado y confuso, y el instante que nos contiene. Es el viaje entre la teoría y la práctica, entre la esencia y la apariencia: la distancia entre el recuerdo y el olvido. Esa asimetría es nuestro nacimiento.
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Así, cruzar el umbral de lo que somos, en cada elección, para nacer y dar forma a la leyenda es nuestro sino más hondo. Reencarnación: cuanto ha sucedido es el vehículo que nos ha depositado en el presente para tomar, frente a la mar repleta de estelas, la decisión libre entre la cara y la cruz.
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Así, son los amaneceres y atardeceres continuos del hombre...

19 agosto, 2009

Romance Sonámbulo

Porque si tu decides morir, yo, me muero contigo. Ya sabes, últimante juego, a eso de que la muerte es vida. El resto, mera supervivencia...

Romance Sonámbulo

(Federico García Lorca)
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Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.
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Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.
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--Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los puertos de Cabra.
--Si yo pudiera, mocito,
este trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
--Compadre, quiero morir,
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
--Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
--Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
¡dejadme subir!, dejadme
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.
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Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal
herían la madrugada.
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Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
--¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está tu niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!
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Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche se puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.
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16 agosto, 2009

Montreal me sabe a Lucca

Porque soy un loco, un idealista de esos de los que aborrece nuestro adorado Ortega. Porque sólo sé perder, me voy, convencido, a eso, a perder.
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Cometiendo lo más insensato. Me voy a Montreal en tu encuentro. Lo sé, allí, no estás. Sin embargo, le haremos caso a Pessoa...
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“Ama el ocaso y el amanecer, porque no tiene ninguna utilidad”


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Y allí te encontraré, cualquiera que sea tu nombre, y tu ubicación...

12 agosto, 2009

Laborables y no laborables


El primer verbo, amor. El segundo te quiero, el último, te espero. Porque amor es verbo, acción y tiempo, como querer y SER, solo [te] espero es nombre, es estado, eterno, mientras aguardo tu beso...

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11 agosto, 2009

Ni siquiera mis verbos me pertenecen


Ni siquiera mis verbos me pertenecen.
Nacen en tus besos,
para pronto abandonarme,
huyen,
se depositan sobre tu piel,
excitados,
erizan mi instinto,
me acercan el olor de tu alma,
juguetean,
confunden conceptos, desnudan
ideas:
buscan vencer la palabra,
[vencerse, autoderrotarse]
mezclan pronombres y divinidades
mis, que son tus, que son nuestros;
caminan, sobre todo caminan,
caminan haciendo,
hacen porque han nacido,
pero sobretodo,
nacen porque siguen haciendo,
en cada instante,
universo puntual.
Caminan, sobretodo caminan,
a pequeños saltitos...
nacen, nacen y mueren
[en tus besos]
mueren con el sueño entre los dientes:
derribar la frontera última, que es
la primera
buscan grietas en el muro,
vencer la última de las distancias,
la más corta, la eterna,
la del pensamiento.

07 agosto, 2009

Volando voy

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Cuanto más me adentro de las sombras, más honda me parece la ternura. Y más y más dulce la fibra del tiempo. Aunque andar canse, agote y extanúe ...
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inasequible al desaliento, me mantengo, y si me caigo, me vuelvo a levantar...
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06 agosto, 2009

Pintaré. Escribiré


Hoy sí podría escribir. Hoy sí podría darle vida a mis versos. Podría y puedo. Sin duda, lo haré. He de salir, sin embargo, primero a la ciudad, y borrar calles y edificios, comercios y bibliotecas, todo indicio de la razón humana, convertirlo todo en un desierto de olvido.
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Ahí, en esa meseta fuera del tiempo, bien en el corazón de ese vacío, comienzo a escribir, a pintar; lo primero, una casita con cuatro líneas, pero con chimenea, y con un bonito jardín, tres flores y un buzón.
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Una casita en medio de la nada, lejos de la pesada y asfixiante cadena causa-efecto.
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Luego, una pajarita, una caja de bombones y un ramo de flores, tatuando mi piel recién descubierta. Así aderezado y con mi sonrisa más honda [esa no tengo que pintarla] llamo a la puerta, tu puerta, la puerta de esta casa sin número ni dirección [tu casita de punto final, de instante en sí mismo, auto-contenida].
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Cuando me abras, cuando me abras sin mediar palabra te agarraré de la mano, romperé las leyes de la física y marcharé, sin mover un solo pie, quizás dándote eso sí un beso, de viaje contigo.
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¿A dónde?
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Cierra los ojos, que decidan nuestros solitarios corazones.
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