En mi estado fundamental, contemplo el mundo como un pentagrama vacío. La nada asusta e impresiona. La inspiración de la creación no siempre está de nuestro lado. Aquí, mi música y las cuatro melodías que la intuición me susurra.

30 junio, 2009

Epi y Blas


De niño, cuando en verano regresábamos a la casa del abuelo, por las mañanas solía esconderme debajo de las sábanas hasta que mi madre acudía en mi rescate, o al menos hasta que el aburrimiento vencía al miedo y me decidía a salir, no sin antes, eso sí, haber esperado un buen rato a mamá. En ese tiempo, recuerdo que alternaba los gritos para comunicar que ya estaba despierto con todo tipo de conjeturas sobre cuáles eran las criaturas cuyos pasos hacían crujir las maderas del suelo del desván, las criaturas que de un momento a otro bajarían las escaleras, cruzarían el pasillo y se adentrarían en mi habitación para hacerme vete tú a saber qué.
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No recuerdo sin embargo que nunca llegara a imaginar cuales eran los fines concretos de esas criaturas ni que es lo que me iban a hacer. Me limitaba a escuchar los pasos, asustarme e imaginar quien era quien estaba ahí arriba. No lo creeréis, pero en la mayoría de los dos casos eran dos personas las que bajaban por las escaleras del desván: Epi y Blas. Pobrecitos, fueron las primeras víctimas de mi extraordinaria habilidad para las teorías descabelladas, habilidad que por otro lado, he desarrollado hasta límites insospechables siendo ya un adulto fisiológico, haciendo bueno aquel famoso dicho que dice que toda nuestra vida jugamos en el jardín de nuestra infancia.
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Este y otros muchos recuerdos reaparecieron en mi cabeza cuando regresé el pasado mes a despedirme de mi abuelo. La verdad es que fui un chico previsor y me llevé la cámara. Sabía que no iba a tener muchas más oportunidades de entrar en esa casa. Desgraciadamente, sólo el misterioso quehacer de los adultos, su extraña conducta puede explicar porqué el mismo día que le decía adiós a mi abuelo, tenía que decirle adiós a su casa. ¡Qué infamia!
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Tal es su magnitud que sólo puedo saltármela y hablaros de una sonrisa que me invadió en ese último paseo entre los muros de mi abuelo. Es la sonrisa que acompañó cada fotografía, porque a cada rincón que fotografiaba le nacían miles de recuerdos al instante que me hacían reír hondamente.
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¡Ay! Es ahora cuando de verdad me gustaría ser poeta, para hablaros y contagiaros esa sonrisa, para explorar le melancolía de lo que fue y de alguna manera vive en el presente, pero que por desgracia y al mismo tiempo, nunca más será. Pero yo no soy poeta, ni escritor, ni domino el verbo como me gustaría. Afortunadamente, conozco a un poeta, con todas las letras, quien puede hablaros de esas cosas con maestría, elegancia y sencillez…
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El arroyo
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Este arroyo, Platero, seco ahora, por el que vamos a la dehesa de los Caballos, está en mis viejos libros amarillos, unas veces como es, al lado del pozo ciego de su prado, con sus amapolas pasadas de sol y sus damascos caídos; otras, en superposiciones y cambios alegóricos, mudado, en mi sentimiento, a lugares remotos, no existentes o sólo sospechados.
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Por él, Platero, mi fantasía de niño brilló sonriendo, como un vilano al sol, con el encanto de los primeros hallazgos, cuando supe que él, el arroyo de los Llanos, era el mismo arroyo que parte el camino de San Antonio por su bosquecillo de álamos cantores; que andando por él, seco, en verano, se llegaba aquí; que echando un barquito de corcho allí, en los álamos, en invierno, venía hasta estos granados, por debajo del puente de las Angustias, refugio mío cuando pasaban toros...
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¡Qué encanto este de las imaginaciones de la niñez, Platero, que yo no sé si tú tienes o has tenido! Todo va y viene, en trueques deleitosos; se mira todo y no se ve, más que como estampa momentánea de la fantasía... Y anda uno semiciego, mirando tanto adentro como afuera, volcando, a veces, en la sombra del alma la carga de imágenes de la vida, o abriendo al sol, como una flor cierta, y poniéndola en una orilla verdadera, la poesía, que luego nunca más se encuentra, del alma iluminada.

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de Platero y yo (LXVII), Juan Ramón Jiménez

Para Josito...

Josito, ¿le conoces? ¿Te acuerdas de él? Yo casi le había olvidado. Pero estos días, a la espera de saber si me voy o no, he recordado aquél día en el que por sorpresa me encontré en casa al regresar del instituto la carta del ministerio comunicándome que me concedían la beca. Aún recuerdo perfectamente lo que pensé y dijé. Sí, me acuerdo de quién es el de la fotografía, ¿y tú?

26 junio, 2009

Paranoya con Hamiltonianos






Mientras espero que Srta. Inspiración decida visitarme [ya sabéis, ella no se casa con nadie], y encuentro las palabras para narrarles como ‘almorzar suavidad’, vengo con una clase de física. Una magistral, como las de antes, en aquellas aulas enormes en las que el profesor está abajo, y los alumnos escribiendo en las mesas de arriba, en la última fila, cosas como las que se ven en la foto.
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Y mi clase es de Hamiltonianos. Sí, sí, han leído bien: Hamiltonianos. Por favor, observen la Fig.1. En ella pueden ver una representación esquemática del Hamiltoniano que caracteriza mi yo social y el Hamiltoniano que caracteriza mi yo individual.
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Observando las Fig. 1, les formulo una primera pregunta [yo soy de esos profesores odiosos que hablan con los alumnos, de esos que hacen chascarrillos y van de tíos ‘enrollados’]. La pregunta es: ¿Cuál es cuál?
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Piensenlo bien. Haré como con mis clases reales. Levante la mano aquel que piense que la sombra interior es mi yo individual. Ahora, quien piense que mi yo individual es la sombra exterior.
.Fig.1 Fotografía esquemática de mi yo social y de mi yo individual
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Se acaba el tiempo de esta primera clase magistral. No es cuestión de machacar al público el primer día. Sólo, una pregunta más. Dos preguntas son una buena dosis inicial de deberes , ¿no creen?
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Si pensamos ahora en encontrar el Hamilotniano del sistema total, ¿creen que será la suma del Hamiltoniano de mi yo social y el de mi yo individual? Claro está, con permiso de mi yo natural, que anda por ahí babeando con las consecuencias del calor veraniego. O por el contrario, ¿necesitaremos añadir algún término extra?
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Vayan y piensen. O mejor, vayan al bar y disfruten, pero vayan, vayan. En otra clase [que nunca llegará, las respuestas]
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[…]
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Charlando con los rezagados, reconozco que creo que el yo individual es esa sombra delimitada por un extenso y opresor yo social, aunque el yo individual explote a veces y contraataque, y que, en lo relativo a la segunda pregunta, está claro que faltan más términos: la interacción entre los dos ‘yo’, la autointeracción [y muchas veces enfermiza] del yo individual consigo mismo, y más, seguro que se nos ocurren algunos más…
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p.d. ¿Qué carajo es un Hamiltoniano? Si quieren que les diga la verdad, mejor pregúntenselo a Javier, él sabe de física y en general de todo, mucho más que yo.

24 junio, 2009

¿Cómo puede ser usted tan obtuso?

Y mientras te lo pregunto, uno mi voz a la de ellos...

18 junio, 2009

Esperanza

Esperanza, esperanza no de convertirme en dominador, ni de hacerme inmune al ‘pellizco’. Esperanza, ¿qué otra cosa sino?, esperanza de un día nuevo en el que entregarme otra vez, esperanza de volverme a destruir en un beso, resucitando en la caricia que le sigue.
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Esperanza. Esperanza no de encontrar una botella, un pozo sin fondos de mis palabras, versos y secretos. Esperanza, ¿qué otra cosa sino?, esperanza de verme otra vez en el espejo. Un espejo, sin truco ni trampa, un espejo que no deforme mi imagen haciéndome más gordo o más débil, pero que tampoco exagere mis virtudes. Un espejo de agua clara.
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Esperanza, ¿qué otra cosa sino?, esperanza para sentarme nuevamente al borde del abismo; esperanza también para evitar la tentación de esa salvación llamada melancolía, del recuerdo congelado, de quedarse quieto en un rincón que ya no existe. Esperanza para vencer el miedo y saludar al viento.
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Esperanza de que mis días en la virtud verán su fin, y volveré a los extremos, lugar del que nunca debí partir…
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p.d.
contrapensamiento:

16 junio, 2009

Cancerbero


CANCERBERO
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Nada debe entrar.
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Nada puede salir.
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y sin embargo, siempre hay un sin embargo, ...

11 junio, 2009

Siento que he envejecido

Siento que he envejecido en la paradoja, siento más auténtica mi adolescencia, y mi ser más hondo, y mi infancia más pronta, y mi inminente nacimiento un misterio. Siento, siento que puedo nacer y morir en el mismo instante, resiguiendo un círculo sin nombre, y jugar con el tiempo y con las normas, y aparecer y desaparecer.
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Siento que he envejecido, que mi carne es otra. Siento, veo como el dolor se desnuda para mí, y me muestra su cara más alegre, veo como va y viene, como esta tristeza que me hace sonreír y desear seguir, seguir caminando, seguir viviendo, seguir amando.
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Siento que he envejecido, porque he olido el perfume seco del vacío y divisado el abismo, porque he mirado al miedo a los ojos, y le he quitado una capa más a la cebolla, y acercado más mi corazón a la esencia.
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Siento que he envejecido, y que sigo vivo, y despierto, y que mi bostezo decrece, y mi boca se cierra, y mis sueños se ensanchan, son más, más hondos, y mis alucinaciones se inflan, y mi locura es ya de atar, de explotar. Y explota, y llena de estrellas el negro vacío. Siento que he envejecido rellenando de galaxias y constelaciones mi universo mágico. Siento que he envejecido porque crece mi curiosidad por explorar esos mundos que brillan ahora en la nada.
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Siento que he envejecido, porque amo tu figura sin rostro, y que camino cogido de la mano de tu ausencia, que me sabe real, aunque es ficticia, estás más allá de mis fronteras, pero que me deslumbra y ciega: veo sombras, que son mis límites, el contorno de mi alma.
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Siento que tú estás más cerca y yo más lejos, y que la distancia es un juego, un convenio. Siento que todo está roto, irremediablemente roto. Rotas las correlaciones, rotas las estrategias, quebradas sin más. Rotas, todas rotas. Siento que el orden es menor y la simetría mayor. Y el mar más hondo, y mi velero más libre, y mi yo, mi yo más yo, más auténtico, más hondo, más niño.
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08 junio, 2009

Re: 'aigües' [carta abierta]



Me espera una regla de suma. Se lo suelto a todo el mundo. Es el cálculo que me trae de cabeza las últimas semanas. Una regla de suma es una suma de la cual sabes su resultado antes de sumar. Entonces, sumas, y si no te da lo dicta la regla, entonces sabes sí o sí que hay un error en tu calculo.
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Qué te parece el concepto? No le había visto la relación con tu relato ‘aigües’ hasta que te he comenzado a describir que era una regla de suma. Ahora, hago una pausa, y me viene a la cabeza un puzzle. Siempre que no entiendo algo pienso en los puzzles. Siempre pienso que me falta una pieza, que hay algo que no sé, y que debería saber, y que si lo supiera todo sería mucho más fácil.

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También tiene que ver el puzzle con la regla de suma. Sabes, cuando lo comienzas a hacer sabes cuál es la imagen que debe salir. Si una vez terminado aparece una imagen diferente, es que lo has hecho mal. Es la lógica de la línea recta. La geometría Euclidiana.

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Pero tu sabes muy bien, tan bien como lo sé yo, al menos como creo saberlo, que la vida tiene vida propia. Lo sabes también más gente, afortunadamente, no estamos solos en la duda, compartimos la ansiedad y las preguntas: “Créame, la vida siempre tiene la razón, siempre”, ¿no?

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Y entonces me viene a la cabeza aquella frase del Oráculo a Neo en Matrix, que viene a decir, no recuerdo las palabras exactas: “Las señales te dicen sólo lo que necesitas saber, no cual es tu futuro”. Y así es, la vida, que siempre tiene razón, nos enseña sólo lo que quiere, y bajo esas premisas te pones con el puzzle, y si, con suerte, eres capaz de acabarlo, de encontrar todas las piezas y ponerlas en su sitio, te das cuenta, que la imagen que sale es diferente, muy diferente a la fotografía de la caja, y a todas las señales que has visto por las esquinas de Barcelona, o por las callejuelas de Girona, o en medio de los robles extremeños. Y entonces, entiendes, perplejo, que Ítaca es un poema bien escrito, y que Manoa es un sentimiento, y que el Oráculo, tramposo, risueño, perverso a veces, tenía razón. Y así es, ya lo dicen las leyes de la termodinámica: no puedes parar de jugar, no puedes ganar, y tampoco empatar. Puedes jugar. Y Rilke añade, de nuevo: “Créame, la vida siempre tiene la razón, siempre”.

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Demasiado para hoy. Hablo demasiado. Como demasiado. Me distraigo demasiado. Me vuelvo con mi regla de suma. Quizás esta tarde de al fin lo que tiene que dar. O quizás no, vete tú a saber. En cualquier caso, ya lo sabes, la vida, la vida tiene vida propia.
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with best regards,
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David
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p.d.: Añado a la carta, aprovechando las ventajas que ofrece la pantalla sobre el papel, una canción que Eduardo, brasileño que investiga conmigo, ha compartido conmigo. Aquí va. Es una buena respuesta a San Pablo, ¿no crees?
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06 junio, 2009

Me voy a volar...pero antes GRACIAS

A veces me pongo mi traje, mi córbata responsable, y mis pantalones principios, y se me olvida que sé volar...
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Esta tarde, me voy a volar, con mis pantalones remendados y mis camisetas impensables...[para que la gente siga diciendo: 'viste como un vagabundo, pero hay que ver lo que para'].
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Sin embargo, es de mal nacidos ser desagradecidos. GRACIAS, de verdad por los mails, las llamadas y los comentarios. Prometo contestaros uno a uno, e ir a vuestra casa a escucharos y contaros.
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Pero ahora, con vuestro permiso, dejo el teclado y me voy a volar...
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03 junio, 2009

Se fue...


me voy a despedirle...

02 junio, 2009

Al pensamiento que se sucede: Ficha Técnica

De menos a más. Esto es "Al pensamiento que se sucede"
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Al pensamiento que se sucede, a las gotas del reloj que suenan en el vacío de una habitación en caída libre en los charcos del pasado, en esos que llueve sobre mojado.
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A una ventana abierta que deja pasar la luz del sol, que llena mi corazón de aire fresco. A esa ventana azul en el día, negra en la noche, punteada, maquillada con purpurina. A esa ventana al jardín, a esa ventana que yo puse ahí. A ese invento, a esa frontera, ser feliz no es saltar al jardín, ser feliz es ir más allá, eliminando no la ventana, sí la pared.
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Las esencias no se buscan, se aceptan. Somos y sabemos. Estados permanentes. A todo eso y más, espacio tiempo les niego su eternidad. A todo eso y más, les pongo a jugar, a jugar en este juego escrito para buscar la realidad, para forjar la libertad y poderte a ti y a mi regalarte algo más que una constante.
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Un poquito más, que es mucho, un proceso para los dos, un proceso que se sucede, un pensamiento que vive, un pensamiento que es, esencia cautiva que miro al revés.
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Pero dicen que soy, oscuro escribiendo, ¿qué significa? Empezamos con un humor. Aquí la idea que subyace a este blog.
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Seguimos, con la banda sonora de este blog, y su letra. LA LEYENDA DEL TIEMPO (Federico García Lorca). [Mi muy probablemente mi muy favorita canción].
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El Sueño va sobre el Tiempo
flotando como un velero.
Nadie puede abrir semillas
en el corazón del Sueño.
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¡Ay, cómo canta el alba! ¡Cómo canta!
¡Qué témpanos de hielo azul levanta!
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El Tiempo va sobre el Sueño
hundido hasta los cabellos.
Ayer y mañana comen
oscuras flores de duelo.
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¡Ay, cómo canta la noche!¡Cómo canta!
¡Qué espesura de anémonas levanta!
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Sobre la misma columna,
abrazados Sueño y Tiempo,
cruza el gemido del niño,
la lengua rota del viejo.
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¡Ay cómo canta el alba! ¡Cómo canta!
¡Qué espesura de anémonas levanta!
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Y si el Sueño finge muros
en la llanura del Tiempo,
el Tiempo le hace creer
que nace en aquel momento.
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¡Ay, cómo canta la noche! ¡Cómo canta!
¡Qué témpanos de hielo azul levanta!
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y terminamos hablando de poetas:
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'El poeta no renunciaba ni apenas buscaba, porque tenía. Tenía por lo pronto lo que ante sí, ante sus ojos, oídos y tacto, aparecía; tenía lo que miraba y escuchaba, lo que tocaba, pero también lo que aparecía en sus sueños, y sus propios fantasmas interiores mezclados en tal forma con los otros, con los que vagaban fuera, que juntos formaban un mundo abierto donde todo era posible. Los límites se alteraban de tal modo que acababa por no haberlos'. [María Zambrano]
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Poesía, poesía es CREACIÓN, para poder regalarte a ti y a mí, algo más que una constante...
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A todo eso y más, les pongo a jugar, a jugar en este juego escrito para buscar la realidad, para forjar la libertad y poderte a ti y a mi regalarte algo más que una constante

01 junio, 2009

¿Nombre?

¿Nombre? Fresa ¿Apellidos? No poseo Vamos, ¿Apellidos? ¿Silvestre? ¿de Invernadero? No poseo. Sólo una fresa soy, igual a todas, soy. Insisto, fresa, sólo fresa. Entonces, ¿cómo te distinguiré? Es cierto, porque existen las otras, que yo, fresa soy. Sin ellas, yo, fresa no soy, sin embargo, sin ti, fresa sigo siendo. Sólo tú, me puedes distinguir. Tú eres mi diferencia. ¿Apellidos? Fresa, tu fresa. [pero recuerda, sin mí, tú tampoco eres].
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Apéndice 1: La soledad no es no tener a quien decirle tu nombre, sino no tener quien te llame. Vean el monstruo sin nombre [lo encontré aquí].
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Apéndice 2: Y luego a parte de la teoría, claro está la práctica.