Siento como crujen mis huesos, como colapso, como la noche tritura mi cuerpo muerto, y me deformo hasta convertirme en una sopa de recuerdos. Mi sangre gotea, filtrándose hasta lo más hondo de la tierra, besando sus cimientos, abrazando sus pilares. Sangre y tierra, plasma en la más honda de las profundidades. Amalgama homogénea del instante y de lo eterno, de la estructura y del contenido. Arcilla en las manos del destino, simiente de la imperfección, rotura de la simetría. Del barro nace, o renace, empieza a dibujarse una nueva figura, una nueva silueta.
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Es el desorden previo al orden, es hacerme mientras me deshago; mi
entras mi alma camina ciega y muda por una estepa vacía de conceptos, de símbolos, donde se es respirando, y donde respirar, no es sino ser. Armonía.
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Sangre y tierra, fusión de recuerdos y estructuras, comprensión, reconciliación. Ya escucho en el barro, de nuevo, mis propios latidos.
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Es el desorden previo al orden, es hacerme mientras me deshago; mi
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Sangre y tierra, fusión de recuerdos y estructuras, comprensión, reconciliación. Ya escucho en el barro, de nuevo, mis propios latidos.


