En mi estado fundamental, contemplo el mundo como un pentagrama vacío. La nada asusta e impresiona. La inspiración de la creación no siempre está de nuestro lado. Aquí, mi música y las cuatro melodías que la intuición me susurra.

28 marzo, 2009

Te vi: Cotidianas alegrías II


De pequeño, me obligaban a taparme los ojos en las escenas picantes de la televisión. Así naciste, instantánea y achinada, una franja, una ventana a un universo. desconiocido. Eres puro misterio.

Tengo las ansias del aventurero y el espíritu de descubridor, sueño con abrir tiernamente las puertas del salón y beber de tu miel.

La belleza, también está en ti.

Yo, soy rojo...

Josito me falta hablarte de un color. He descubierto que soy rojo. Roja es mi sangre, roja es mi vida porque sólo sé vivir a base de impulsos, me muevo por el instinto y por la pasión.

Peco de agobiar, de asfixiar, a veces de molestar y parecer ordinario porque no entiendo de puntos medios. Allí nunca estoy, soy un tipo de extremos. Lo siento.

Quizás por eso a veces me duele tanto este mundo, porque lo abrazaría todo, manchándolo del rojo, y quien mucho abarca, poco….¡Qué más da! He amado y amo, tengo que contradecir al poeta, nunca dilapidé el rojo, nunca lo dilapidaré, porque, si bien tengo cáscara verde y actitud negra, mi alma es roja, muy roja.

Ese es mi corazón. Rojo. Yo, soy, un loco rojo, repleto de esperanza roja.

El primer amor (Poema de Palau i Fabre)














Es menester atacar el rojo de cara, con una espada. Hacerle
daño. Recordarle que toda nuestra vida depende de él. Que somos
el toro y la capa.
Rojo o encarnado, ¿qué más da?
El rojo es rojo hasta la locura.
Contemplamos quizás el azul, pero abrazamos siempre el
rojo.
Poned el rojo en la herida, para que sangre.
El rojo no tolera ningún color más. Mata a quien intenta ponérsele
delante, como los toros. El rojo es un toro. El toro es
rojo.
El rojo es el único color que nos mira de frente; no de soslayo,
como el amarillo, ni con los párpados caídos, como el lila.
Nuestra esperanza es roja: ¡hipócritas cuando decimos que es
verde!
Figuraos el rojo con una espada en la mano.
Dilapidé el rojo en mi primer amor.

Cotidianas tristezas/alegrías I

A veces se necesita una semana entera de tristeza para sentarse a escribir según que pensamientos. Y de ahí vengo yo, lo digo abiertamente; la tristeza ha estado en mis labios todos estos días. Ha sido, mi compañera de viaje, porque a lo que he vivido y pensado en el transcurso de estas largas jornadas no se le puede llamar de otra manera.

Dejadme, antes de que hable o cuente nada, que dedique este post a tres y un montón de personas, respectivamente. A Verònica, a Leo y a ti por un lado, y todos mis iguales, a los que quiero con locura, por el otro. Dedicada la entrada, ¿sobre qué estado meditando estos días? Nada original, no os creáis: hombres y tristeza.

Los antecedentes del viaje son muchos y el camino recorrido largo, pero la lucecilla, la chispa con que dio comienzo esta reflexión fueron unos versos de una canción de Ismael Serrano que me hicieron llegar. Dicen así:

"El caso es que me afectan las cotidianas tristezas,
las de los supermercados, las del metro y las aceras"

Y es verdad, la tristeza está en muchos de nosotros de una manera extraña. Nos duelen tanto las pequeñas cosas del día a día, como los grandes sueños frustrados. Frustración, que palabra más horrorosa. Duele pero hay que decirla, porque en el día, aunque no todos afortunadamente, hay un gran número de individuos que se sienten frustrados, vacíos.

Escribo y no sé lo que digo, a pesar de que siento perfectamente aquello de lo que hablo. Un amor que no llega, otro que se va o un trabajo que no te motiva. No sé, se empieza por las pequeñas cosas del día a día, y se termina con las grandes decepciones como las políticas o las ideológicas. La decepción nos inocula, y poco a poco, va creciendo en nuestras entrañas, hasta que un día, casi sin darnos cuenta. Estamos enfermos de frustración, y las consecuencias no son otras que una somnolencia aguda y una indiferencia ofensiva ante todo y todos. Un estado de letargo en el que nos amparamos en una férrea y rígida coraza de falsas respuestas inamovibles a preguntas mal formuladas, que si bien no nos permiten ser feliz, nos permiten subsistir. Y así pasan las horas, y los días, y las semanas, y los años…así, sin más. Y el mundo nos parece un lugar negro y gris.

Sin embargo, siempre hay un sin embargo, creo que le podemos dar la vuelta a esta historia. ¿Dónde están las cotidianas alegrías? Sí, sí, las del supermercado, las del metro y las aceras… ¿dónde?

No tengo una respuesta universal a esa pregunta y si algunas advertencias. La belleza y la magia duelen porque el uso porque podemos hacer de ellas no incluye la posesión ni la obediencia. No podemos aspirar a que la magia y la belleza trabajen para nosotros, que se vengan a nuestro lado y de ellas emanen las risas y las respuestas. Este es quizás la semilla más fuerte de la frustración.

Aprender a amar, a disfrutar de la belleza, tal como es, sin más es el secreto mejor guardado de toda la humanidad. Creedme, no es nada fácil, sólo los despreocupados llegan, sólo si el color de los cristales de nuestras gafas es el oportuno lo podemos observar, sólo si aceptamos el misterio, podemos

Lo sé. Estos puntos suspensivos son ofensivos y molestos. Como aquello de que el tiempo lo cura todo, o que nunca sabes lo que te espera a la vuelta de la esquina. ¡A la mierda! ¡Maldita impaciencia y malditos consejos típico-tópicos!

No blasfememos. No nos impacientemos. La belleza no debe venir a nosotros, nosotros debemos ir en su encuentro, pero sin buscarla. Y eso, ¿cómo carámbanos se hace?

Con buenos amigos que citan a Camus, porque el texto es fantástico pero la amistad mucho mejor, conquistando lo inconquistable…hay tantas cosas que hacer...

25 marzo, 2009

En un país multicolor...

Hoy creo que no tenga nada que contarles. ¿Qué? Soy un hombre con un diario, como tantos hombres y mujeres, pero eso, por sí mismo, no me nutre de material para contar. Estoy confundido. Llevo buscando un año mi traje de camuflaje, y aún, no lo he encontrado.
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¿Será porque lo llevo puesto? Confundido con el medio, identificado con él. Soy, uno más. Desde mi atalaya, baja y de plástico, mi butaca en el metro, observo un país multicolor capitaneado hoy por el verde.
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Verde la corbata del caballero de traje azul marino, verde el libro de inglés de la señorita, verde la línea del metro que me trae a trabajar. Está el verde mandando hoy con voz chica. Nada comparable al gran camión naranja de ayer. Todo, guerra de guerrillas, por supuesto, verdes. ¿les dije que me gustan los tomates verdes? [pero no fritos]. Verde por supuesto soy yo, como viejo y como hombre.
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¡Qué lío! ¿Qué carajo querrá el verde?
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Verde es mi traje de camuflaje, que me permite ver el traje marrón del señor que lee el país, y detenerme en la señorita que lee: “Los no lugares” con las uñas pintadas de rojo. Roja también la flecha que marca la salida, pequeña, pero brillante. Azules las gafas del tipo con aspecto cansado que sienta frente a mí. Verde es mi traje de camuflaje.
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Confundido con el medio, identificado con él, sonrío descubriendo, que en la vida, hay un poco de todos los colores.
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24 marzo, 2009

Semana del color

He confiado mi vida al verde. Federico guarda mi secreto, y yo, que ahora más que nunca exhibo mi acento porrino, confío en el destino que el granadino celosamente guarda para mí. Acepto su misterio y su silencio.
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Sin embargo, en esta semana del color, donde juego con el color por invitación de Josito, las señales se cruzan: ¿nada puedo esperar del verde?
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No preocuparse, al fin y al cabo, el verde siempre fue verde muerte. La habitación está limpia. 394 es un número poderoso. Espera un poco más a desvelar su sorpresa. El puzzle se cuece a fuego muy, muy lento. Y mientras tanto,


Cul d’ampolla/Poso de Botella (Poema de Josep Palau i Fabre)

El fons del mar és verd: verd és el fons de tots els ulls, si ho mireu
bé. El verd és el color de les profunditats. Els crims són
verds, les conspiracions són verdes, l’enveja és verda. En els culs
d’ampolla hi ha amagat el verí de totes les perversitats. No interrogueu
mai un cul d’ampolla. No vulgueu saber els seus secrets.
Hi ha un punyal que se us clavarà per l’esquena, que també
és verd. Hi ha els grans ulls verds de Lady Macbeth, sempre
oberts. Els petits ulls verds de totes les bruixes del món. Les
serps verdes. Avegades el verd es vesteix de festa i es presenta
amb vestit engrescador. Però qui sap mirar, mai no deixa de
veure, sota aquell vestit de primavera, d’arbre mogut per les fulles,
la mala intenció amagada. ¿Verd tendre, dieu? El més tendre
dels verds sap mil vegades més lletra menuda que el més ofensiu
dels vermells. El verd procedeix sempre a passos alambinats.
Quan us n’adoneu ja us ha pres l’amiga, l’amant, la muller...
Els ulls del gat són verds, els de l’Esfinx també eren verds, i
tots, quan odiem, tenim els ulls verdíssims.


El fondo de la mar es verde; verde es el fondo de todos los ojos,
si bien se mira. El verde es el color de las profundidades. Los
crímenes son verdes, las conspiraciones son verdes, la envidia es
verde. En los posos de botella yace escondido el veneno de todas
las perversidades. No interroguéis jamás el poso de una botella.
No queráis saber sus secretos. Hay un puñal que se os
clavará por la espalda, y que es verde también. Hay los grandes
ojos verdes de Lady Macbeth, siempre abiertos. Los pequeños
ojos verdes de todas las brujas del mundo. Las serpientes
verdes. A veces el verde se viste de fiesta y se presenta con un ropaje
encantador. Pero quien sabe mirar, nunca deja de ver, bajo
aquellos encajes de primavera, de árbol movido por las hojas, la
mala intención escondida. ¿Verde tierno, decís? El más tierno de
los verdes sabe mil veces más letra menuda que el más ofensivo
de los rojos. El verde procede siempre con pasos alambicados.
Cuando caéis en la cuenta, ya os ha robado la amiga, la amante,
la mujer...
Los ojos de los gatos son verdes, los de la Esfinge también
eran verdes, y todos, cuando odiamos, tenemos los ojos verdísimos.

Taronja/Naranja (Poema de Josep Palau i Fabre)

Volia ésser vermell i no pogué. No sabé estimar del tot. No sabé
donar-se. La descripció furiosa dels esdeveniments l’espaordeix.
Potser s’avergonyiria d’ésser vermell. Sempre duu la línia dels
pantalons ben feta, els cabells ben clenxinats, mai no ofèn. Atot
estirar, pot pervenir a convertir-se en dona i passar-vos les mans
entorn del coll, en una actitud que tant pot ésser de la mare com
de la filla, de l’amant com de la muller. Sap estimar. Però la paraula
amor té en ell una dimensió derivada. Estimació vol dir
per a ell permanència, fidelitat, tendresa, en lloc de lliurament i
possessió, fam i mossec.
Els homes hi acudim quan el tub del vermell se’ns ha acabat.
El taronja és el vermell de la nit.

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Quiso ser rojo y no lo consiguió. No supo querer abiertamente.
No supo entregarse. La descripción furiosa de los acontecimientos
le molesta. Quizá le avergonzaría ser rojo. La raya de sus
pantalones es siempre impecable, sus cabellos siempre bien peinados,
nunca ofende. Puede llegar, a lo sumo, a convertirse en
mujer y pasaros las manos alrededor del cuello, en una actitud
que tanto puede ser la de la madre como la de la hija, la de la
amante como la de la esposa. Sabe querer. Pero la palabra amor
tiene en él una dimensión derivada. Amar quiere decir para él
permanencia, fidelidad, ternura, en lugar de entrega y posesión,
hambre y mordisco.
Los hombres acudimos a él cuando el tubo del rojo se nos ha
terminado.
El naranja es el rojo de la noche.

21 marzo, 2009

Defensa de la alegría

Agotado, extenuado, por este viaje físico y psíquico, hoy la tristeza meronea mi cabeza. Ese matrimonio que caminan sin mirarse ni hablarse, esa anciana en el super sin fotos en el monedero y los zapatos rotos ¿me seguis?

Afortunadamente, aquí está Mario (Benedetti):

DEFENSA DE LA ALEGRÍA

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
.
defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos
.
defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias
.
defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres
.
defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa
.
defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.
.

15 marzo, 2009

Estoy aquí para ser feliz

¡Qué extraño! Aún no sé como te llamas, y sin embargo, sé que algún día aparecerás, desnuda, y deformarás el espacio, haciéndome caer en ti. Gravedad intensa.
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Y sin embargo. O más bien, quizás. Misterio. Es parte de la ilusión y los sueños aceptar su naturaleza caprichosa.
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Mientras tanto, primavera, sol y un abejorro que juega en las flores de mi alfeizar me distraen, me dejan absorto y perdido en la música. Los nombres con los que seguro no te bautizaron no logran detenerme. Camino, recitando a Benedetti:
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la gran proeza
la mejor hazaña
de la memoria
es olvidarlo todo
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y pienso, estoy aquí para ser feliz.
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10 marzo, 2009

Se torea una vaca esférica

Así anuncié hace ya tantos años que no me acuerdo la final de la Copa Cataluña, que mi equipo de entonces, el F.S. Dosrius iba a disputar contra el C.E. Montseny [equipo, este último, que por casualidades de la vida, fue mi casa, un verdadero hogar más adelante y por dos temporadas].
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Había sido un año especial. Creo que era mi segunda temporada como portero titular. Fue también el inicio de una historia con nombre común. El principio de dos de los años en los que más he sufrido y más he aprendido de toda mi vida.
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¡Una final! Y una final en mi segunda casa (aunque siempre de prestado), un sitio especial, un verdadero santuario, un templo del futsal: ¡Qué emoción!
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Recuerdo el viaje de ida, en el cupra de Ico, recuerdo como buscamos aparcamiento. Recuerdo como el patinaje de antes se retrasó y tuvimos que empezar tarde el partido. Recuerdo, que estaba tranquilo, feliz de estar allí, jugueteando con la pelota en el callejón, mientras esperábamos e Ivo nos explicaba historias de cuando jugaba en el Industrias.
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Y finalmente, el partido dio comienzo. Empezamos perdiendo. No remontamos hasta la segunda parte. Hubo prórroga. Ganamos. Fue una tarde inolvidable. Paré y mucho, recuerdo algunas de las paradas más significativas, recuerdo el doble que le saque a Roger (sé como se llama porque acabé jugando con él) a la escuadra izquierda, la falta sin barrera a seis metros que le pare a Toni, recuerdo aquel maravilloso partido. Recuerdo a mis dos hermanas gritando en la esquina, animando sin parar, al pabellón coreando mi nombre al final de partido. Recuerdo la jugada en la que me dejé el ligamento y que me tuvo quieto todo el verano.
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Recuerdo a todo el mundo alegre y yo jodido por mi lesión: ¿una señal de lo que venía? Recuerdo como me reí luego con Ginés [el mejor delegado del mundo, la mejor persona] luego en el hospital de la anécdota del Bar Cuenca.
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Y vuelvo, ¡Vuelvo! El año pasado volví y no pudo ser. Los nervios, la presión me sacaron de mis casillas. Ahora, sin embargo, con casi 27, y un viaje programado a Canadá de cuatro meses, esta visita se parece a un adiós, o como mínimo, a un hasta luego.
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Por eso, este año, el premio es volver, recordar, despedirme. El resultado me da un poco lo mismo, y aunque prefiero ganar, sólo voy a calzarme las botas, a ver sus paredes, a perderme en ese universo que desde la primera visita me fascinó. Voy, por supuesto, a hacerle caso a Benedetti:
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“el futuro no es
una página en blanco
es una fe
de erratas”
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¡Ay! Se torea una vaca esférica, otra vez, una vez más, y como en aquella ocasión, me gustaría que estuvieras allí.

08 marzo, 2009

Se fue Rubianes.

Se fue. Y ahora que se ha ido, tengo que decirles que lo que más me gustó de él, fueron siempre las entrevistas. Siempre había alguna anécdota curiosa que me hacía aprender algo, como la de conferencia de Salvador Espriu o la de Josep Pla en Las Ramblas.
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Eso quiero recordar, de este hombre al que vi pasear por el Raval, de este hombre al que vi en persona y del que pensé que guardaba para adentro una tristeza equiparable a la sonrisa enorme que le arrancaba a todo el mundo. Quizás por eso admiraba tanto a Lorca…
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Y ahora, en este hasta luego, podría poner algún fragmento de sus actuaciones, pero me quedo con lo que le llevó a los tribunales. Una gran verdad que molesta. Una gran enseñanza. Empecemos a hablar de personas...[y no como objetos, que esto, ya está inventado en el marketing político reciente].


Soledad en el Camp Nou

La soledad es un sentimiento bello cuando uno tiene con quien compartirla, al menos, así pensaba Bécquer. Él, hacía mucho tiempo que no tenía ni a quien decírselo, ni tampoco las ganas de hacerlo público, pero, se sentía sólo, inequívocamente, sólo.
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Su batalla con la soledad era mucha más indirecta y esquiva. Gustaba, por ejemplo, los domingos de partido, de sentarse en los bancos de las afueras del Camp Nou. Nunca, sin embargo, entró en el estadio. Su ritual era más sencillo y antisocial que eso. Llegaba, se sentaba y miraba.
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Le gustaba la cara de medio desconcierto, medio eufórica, todo novedad, de los seguidores de los equipos visitantes. Le encantaban los abuelos de café, copa y puro, que ya antes de llegar al campo criticaban a los jugadores locales y maldecían a los árbitros. Le pirraban especialmente los padres que llegaban entre risas y complicidades con sus hijos pequeños. Le fascinaba la entrega absoluta y entusiasta de los seguidores más jóvenes que llegaban siempre ataviados con sus bufandas y banderas discutiendo si le iban a encasquetar tres o cuatro al rival. Le despertaban la curiosidad los turistas, venidos de todas partes, para ver al Barcelona. Le gustaba en definitiva observar ese mundo de gente que discurría arriba y abajo sin detenerse, ese universo múltiple que cada dos semanas se desplegaba frente a él. Esa, era su cura contra su soledad.
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Sin embargo, hay equilibrios que no son estables, sino metaestables. Equilibrios que, a pesar de que parecen que van a perdurar de por vida, sólo son visitantes, eso sí, de estancia larga. Pasen y vean.
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Un día, como de costumbre, se sentó en el banco y comenzó a observar. Pasaba mucha gente, pero el se fijó en la cara de cansancio de un hombre mayor. Un pensamiento relámpago le visitó entonces: estaba sentado en el centro del banco, impidiendo así que nadie más se sentara; Cayó en la cuenta y rectificó haciéndose a un lado. Y, efectivamente, pasó lo que tenía que pasar, el viejecito cansado vio el hueco y se sentó.
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Entonces, el milagro. El viejecito, que esperaba a su nuera, se puso a darle conversación. Después de tantos años…tantos años sentado en el centro del banco. La cosa no duró mucho pues pronto llego la señora, pero el golpe fue traumático. Mientras el viejecito se levantaba y se iba, él aún pensativo giró la mirada, sin saber que los pensamientos fugaces aún no se habían terminado.
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A su derecha encontró a una niña haciendo pompas de jabón. Las pompas, salían una detrás de otras pero poco a poco se iban separando hasta romperse a desaparecer. Y mientras esto pasaba, la niña ya había parado de hacer pompas y se había puesto a jugar con un niño que se le había acercado en busca de recreo. ¡Ay que ver!, pensó.
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Sobra decirlo, pero su vida, nunca volvió a ser la misma.

07 marzo, 2009


El despertador marca el inicio de nuestra rutina, pero creo que no el de nuestros verdaderos días. Hoy cambié el autobús por el tren. En la estación me encontré con Montse Banegas y un fragmento de su libro: “Una dona incòmoda”. He ido sumergido en su lectura hasta Montgat, donde creo, ha empezado mi día.
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En uno de los dos grandes edificios gemelos de Montgat, desde mi asiento en el vagón, he visto a una mujer mayor ataviada con una bata roja barrer la terraza de su casa. Tras ella el mundo, rojo vida, rojo portal: he despertado. Dos contextos diferentes, la comparación es absurda, pero la recuerdo ahora como la chiquita de vestido rojo que aparece en la Lista de Schindler.
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A partir de ese momento, he sido incapaz de quitar mis ojos de la ventana. Fuera se sucedían las pueblos y las ciudades. Gente subiendo y gente bajando, casi todos subiendo. Barcelona engulle horas, gentes, miradas, trabajadores, en pequeño gran atractor, que al atardecer lo escupe todo, reteniendo sólo el perfume de la vida gastada. Junto a las vías la típica-tópica inmundicia que se acumula en los lugares no transitados con asiduidad. En medio de la basura, un pequeño árbol con algunas poquitas flores chiquititas de color rosa pálido. Más color en medio de un día gris. Luego una higuera seca.
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A mí lado un chico y una chica conversan. El sobreactúa y exagera un amaneramiento ofensivo a la naturalidad. Me ha cansado hasta obligarme a levantar la vista hacia el siguiente subconjunto de asientos. Un hombre mayor conversaba por teléfono con unos gestos característicos, algo chulescos, también forzados. He vuelto a mirar a la mariposa que se sentaba junto a mí y le he tomado cariño. En cierta manera, todos sobreactuamos, los gestos provocados se vuelven naturales y poco a poco, se forja nuestra personalidad, hasta que llega un día que nuestro yo social se vuelve uno con esos tics y manías de espejo.
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Este mundo, si así lo queremos, puede resultar entrañable y tierno. Nos acercamos a las vías muertas de los entornos de la Sagrera, cruzando los polígonos de la entrada de Barcelona, y allí en medio de un paisaje inhóspito y estructural, las florecillas, las zarzas y los matojos verdes le dan vida a un mundo olvidado, a raíles obsoletos que son ahora, lo que tal vez otro tiempo soñaron, un jardín.
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El tren se prepara para ser engullido por los túneles, pero antes, el sol se cuela entre las nubes, iluminando ahora una vaya, luego un socavón, iluminando como lo hace el foco que resalta al director del circo, sacándole de la oscuridad y entregándole todo el protagonismo. Al fin y al cabo, lo cotidiano, ¡ay, lo cotidiano!, es la profundidad más honda y recóndita, de todas las moradas donde habita la verdad.

03 marzo, 2009

Habitación 394. Piensa en verde.

Una flor y un beso. Muchas veces palabras correlacionadas en el verso, en el sentimiento poético, pero, sin embargo: ¿dos elementos independientes?
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Me puede. Me supera, lo siento, a veces soy demasiado analista, y eso, a pesar de que soy el más ñoño de los románticos.
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Al grano, que no es gerundio, pero como sí lo fuera: ¿cuantos elementos independientes hay en este potaje en el que nos auto–engullimos los humanos?
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Vaya pregunta ‘chorra’. Aquí va otra: ¿somos programables? Habitación 101. Beso con Julia. Caos y desorden.
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¡Dios mío! ¿se puede ser más oscuro? No se preocupen, simplemente, juego a perderles, o mejor, a perderme yo. No quiero decirles nada porque nada tengo que contar. Imito, pseudo-imito, trato de copiar el ‘modus operandi’ de la vida, del destino. Relleno de paja mi pensamiento y le pinto sombras de fantasma a Dr. Flasche.
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Y mientras digo sandeces, el tiempo suave se escurre de los relojes doblados. Huye de su absoluta indefinición, de su pasmosa e inesperada quietud. Al fin y al cabo, sólo aguardo, pensando en verde, verde viento, verde muerte, que las piezas se coloquen solas mientras yo bebo whisky; al menos hasta despertarme de esta realidad incierta. Despertarme para amanecer en un sueño real con tintes de nube.
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Nubes de las que, juguetonas, transcurren por el cielo que he encontrado a mi regreso a Barcelona, mezclándose con el sol y dibujando nuevos cielos.
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Habitación 394. Cuando se acaben el whisky y las señales, saldré para no volver a entrar. Saldré, saldrás, por supuesto, saldremos, porque lo quieras o no, uno y uno son dos, pero también son uno.

Llevo unos días...

Llevo unos días que me siento capaz de reinventar todas las señales, pintarlas o respetarlas, guardarlas o darlas un significado completamente nuevo...
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Esta semana pienso pintar un fragmento de "El Dios de las pequeñas cosas", y ahora repinto, aunque mezclado con otras cosas y de manera óscura, 1984.
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Y la verdad, sienta bien esto de reciclar.
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