A veces se necesita una semana entera de tristeza para sentarse a escribir según que pensamientos. Y de ahí vengo yo, lo digo abiertamente; la tristeza ha estado en mis labios todos estos días. Ha sido, mi compañera de viaje, porque a lo que he vivido y pensado en el transcurso de estas largas jornadas no se le puede llamar de otra manera.
Dejadme, antes de que hable o cuente nada, que dedique este post a tres y un montón de personas, respectivamente. A
Verònica, a Leo y a ti por un lado, y todos mis iguales, a los que quiero con locura, por el otro. Dedicada la entrada, ¿sobre qué estado meditando estos días? Nada original, no os creáis: hombres y tristeza.
Los antecedentes del viaje son muchos y el camino recorrido largo, pero la lucecilla, la chispa con que dio comienzo esta reflexión fueron unos versos de
una canción de Ismael Serrano que me hicieron llegar. Dicen así:
"El caso es que me afectan las cotidianas tristezas,las de los supermercados, las del metro y las aceras"Y es verdad, la tristeza está en muchos de nosotros de una manera extraña. Nos duelen tanto las pequeñas cosas del día a día, como los grandes sueños frustrados. Frustración, que palabra más horrorosa. Duele pero hay que decirla, porque en el día, aunque no todos afortunadamente, hay un gran número de individuos que se sienten frustrados, vacíos.
Escribo y no sé lo que digo, a pesar de que siento perfectamente aquello de lo que hablo. Un amor que no llega, otro que se va o un trabajo que no te motiva. No sé, se empieza por las pequeñas cosas del día a día, y se termina con las grandes decepciones como las políticas o las ideológicas. La decepción nos inocula, y poco a poco, va creciendo en nuestras entrañas, hasta que un día, casi sin darnos cuenta. Estamos enfermos de frustración, y las consecuencias no son otras que una somnolencia aguda y una indiferencia ofensiva ante todo y todos. Un estado de letargo en el que nos amparamos en una férrea y rígida coraza de falsas respuestas inamovibles a preguntas mal formuladas, que si bien no nos permiten ser feliz, nos permiten subsistir. Y así pasan las horas, y los días, y las semanas, y los años…así, sin más. Y el mundo nos parece un lugar
negro y
gris.
Sin embargo, siempre hay un sin embargo, creo que le podemos dar la vuelta a esta historia. ¿Dónde están las cotidianas alegrías? Sí, sí, las del supermercado, las del metro y las aceras… ¿dónde?
No tengo una respuesta universal a esa pregunta y si algunas advertencias. La belleza y la magia duelen porque el uso porque podemos hacer de ellas no incluye la posesión ni la obediencia. No podemos aspirar a que la magia y la belleza trabajen para nosotros, que se vengan a nuestro lado y de ellas emanen las risas y las respuestas. Este es quizás la semilla más fuerte de la frustración.
Aprender a amar, a disfrutar de la belleza, tal como es, sin más es el secreto mejor guardado de toda la humanidad. Creedme, no es nada fácil,
sólo los despreocupados llegan, sólo si
el color de los cristales de nuestras gafas es el oportuno lo podemos observar,
sólo si aceptamos el misterio, podemos…
Lo sé. Estos puntos suspensivos son ofensivos y molestos. Como aquello de que el tiempo lo cura todo, o que nunca sabes lo que te espera a la vuelta de la esquina. ¡A la mierda! ¡Maldita impaciencia y malditos consejos típico-tópicos!
No blasfememos. No nos impacientemos. La belleza no debe venir a nosotros, nosotros debemos ir en su encuentro, pero sin buscarla. Y eso, ¿cómo carámbanos se hace?
Con
buenos amigos que citan a Camus, porque el texto es fantástico pero la amistad mucho mejor,
conquistando lo inconquistable…hay tantas cosas que hacer...