En mi estado fundamental, contemplo el mundo como un pentagrama vacío. La nada asusta e impresiona. La inspiración de la creación no siempre está de nuestro lado. Aquí, mi música y las cuatro melodías que la intuición me susurra.

31 octubre, 2009

SUPERNOVA

(En respuesta a un comentario de Albardial al asesino de dudas)
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Ellos lo saben. Los hombres grises lo saben. Saben que pregunta hacerte. Su voz no es sino el eco de una duda que, mal nacida, mal formulada, se esconde en el fondo de nuestro corazón. Es una imagen fragmentada de un falso yo, fiebre y enfermedad. Ellos lo saben. Su humo, su frío helado no es sino la nieve que arde, un incendio fuera de control que se extiende arrasando bosques y entrañas, quemándolo todo, volviendo el corazón negro como el tizón. Secándolo. Corazón seco, tierra seca, páramo seco y arrasado.
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Hay dudas y preguntas tan finas, tan ligeras que parecen inofensivas. Así son, ellos lo saben. Los hombres grises lo saben y lo utilizan, pequeñas pero asesinas: no son si no la pavesa de ese fuego furioso en el que arde la vanidad de nuestro yo, que diminuta, casi imperceptible, se filtra por los poros de nuestra piel. La fiebre nos hace sudar. La fiebre nos hace correr, asustados en busca de refugio. Nos sigue un aura de ceniza y humo. Nos persigue. Esas preguntas, como diablillos, voces terribles, nacieron ya al tiempo de las agujas, al desierto de arena que fluye sin cesar.
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Así es como sobreviven las pequeñas estrellas, ardiendo poquito a poco, hasta convertirse en objetos compactos y secos, sin vida, resto y naufragio de toda una vida huyendo, de exilio y agonía.
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Pero hay más. Ellos también lo saben, pero lo temen. Hay preguntas tan enormes, gigantescas, que no pueden escapar por los poros de la piel, escapan así al correr del agua, y puras, se mantienen lejos del río turbio del falso yo. Arden pero no consumen: su llama es eterna y su luz la presión interna que evita el colapso de nuestro ser.
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Ellos también lo saben. Pero lo temen. Existen estrellas masivas, de corazón ancho, que un día ya no pueden desarrollar más la duda, es decir, ya se han hecho uno con la paradoja; entonces la presión cede, y el colapso, brusco, fascinante, acontece tan rápido, que estas estrellas tan temidas explotan inundando el firmamento de luz y paz durante días, meses, años, siglos…
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Ya saben, los últimos, serán los primeros. Supernova. No hay orden, cuando no hay tiempo.
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4 comentarios:

a roja dijo...

STAVROGUIN: En el Apocalipsis el Ángel jura que ya no habrá tiempo.
KIRILOV: Lo sé. Es cierto, y está dicho con mucha claridad y mucha exactitud. Cuando el hombre haya alcanzado la felicidad, ya no habrá tiempo porque ya no será necesario; es absolutamente cierto.
STAVROGUIN: ¿En dónde lo pondrán?
KIRILOV: En ningún lado. El tiempo no es una cosa, es una idea: se diluirá en la mente.

DOSTOIEVSKI. Los poseídos. II. 5.

Dr. Flasche dijo...

Gracias a roja,

Tu comentario le da algo de sentido a esta entrada inmadura...

Ignea & Josune dijo...

...inquietantantemente indefinido, pero se reconoce algo entre las letras que sabe en parte algo compartido.
Esperemos que no implosionemos...

Gemma dijo...

Suscribo totalmente a Ignea y añado que me has dejado un poco sorprendida.