Explica Solzhenitsyn que en una reunión del partido comunista, a la clausura, todos comenzaron aplaudir el nombre de Stalin cuando este fue pronunciado. La tanda de aplausos duró, duró y duró. Nadie quería ser el primero en dejar de aplaudir. Nadie, pero ¿por qué? La respuesta la da Pratchett en un libro, Tiempos Interesantes, que no pasará a los anales de la literatura, pero que es divertido de leer. “No necesitan ejércitos para controlarlos. Es algo peor, está en ellos…”.
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Nadie quería dejar de aplaudir, pero ¿por qué? Una tercera cita y paro, porque he citado casi todo lo que he leído este año. Noam Chomsky y su maravillosa descripción de la autocensura. El miedo adquirido y procesado, la asunción de que algo, por definición, no puede ser dicho, hecho o conseguido. El miedo convertido en gen regulador.
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La supervivencia llevada al límite. Nadie quería dejar de aplaudir porque todo el mundo sabía que el primero que dejara de aplaudir, iba a ser el primero en desaparecer esa noche rumbo a un Gulag. Es el terror, con nombre y época en Francia, al vecino, como después de la guerra civil en España, con las denuncias anónimas, es el pánico y la desconfianza a tu propio hijo, aunque se lo perdones entre dientes, como el vecino del protagonista de 1984, denunciado por crimental a manos de su propio hijo.
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Vivimos tiempos de gripe A. Tengo un compañero en el departamento que cada vez que le estrecha la mano a alguien, se limpia con desinfectante. “Mi mujer es médico y me lo recomendó”, me dijo. El mensaje es claro, la persona que tienes delante es un virus que te puede matar. No confíes en ella. Otra vez más veo que Slavek tenía razón, volvemos a los tiempos del comunismo, del control férreo.
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Sin querer nos hemos dejado arrebatar la familia. Ya saben, esa cosa que no sé elige, que es una carga y que solo hace que estorbar, porque no coge en la maleta. Tampoco los amigos son una buena cosa. Pregúntele sino a los hombre grises, ellos se lo explicarán muy bien. En cambio, es mucho mejor, desconfiar de todo el mundo, ya saben, tu muerte está en su mano, la gripe A, o cualquier cosa, cualquier excusa: ¡Nos quiere solos! Nos han arrebatado el trabajo, como se lo quitaron a Beppo, también en Momo. Ya saben, lo importante es el resultado, no el proceso. Cualquiera que diga lo contrario, es un verdadero maluco. Y por supuesto, súmenle también la violencia, pornografía, el consumo.
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Resumiendo. Desconfianza y soledad. Culpabilidad, responsabilidad. Nos lo dieron todo, todos los ídolos, para dejarnos solos con ellos estatuas que no dicen buenas noches con ternura, ni riñen cuando hacemos algo mal, ni nos dan un beso por la mañana.
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Solos, solos estamos mucho mejor. Es lo mejor para nosotros, pero por supuesto, es lo mejor para ellos.
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1 comentarios:
Siempre he pensado que eso esa es la verdadera conspiración que existe en estos días. La conspiración del miedo y la de la frustración. La conspiración del miedo plasmada en tener miedo al de al lado, miedo a que sea un virus, miedo a que nos quite el puesto de trabajo, miedo a... Miedo a unirse, a ser pueblo... La de la frustración por la que se genera en uno cuando piensa, ¿qué puedo hacer? Y nada es lo que único que a uno se le ocurre...
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