(Dedicado a Adrián Valdés, por la inspiración brindada)
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Como buen hijo de Adán, afortunadamente, nací manchado por pecado original, la marca de nacimiento que me hace diferente, aun siendo igual a todos. La imperfección, la paradoja de la imperfección es la libertad con la que me expreso, la razón que subyace a mi yo, pero es sin embargo, al mismo tiempo mi condena.
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Es entonces, cuando la serpiente hace apología del exilio: “Estás aquí para ser feliz”, yo, como buen hijo de Adán, tomo la manzana, para automáticamente, salir del paraíso. Nunca más seré lo que soy, mi casa, tranquila, será por siempre más un recuerdo, y yo, un exiliado de mi nombre.
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No sé si es a eso a lo que se refiere Camus en su libro “El extranjero”, o si focaliza más bien la descoordinación entre sistemas de referencia espacio-temporales del ser humano. Pero basta, ya de conjeturas acerca de libros que no he leído.
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Quizás, sólo queda reconocer, con humildad, que esa primera distancia, que nunca se vence, entre el hogar y mis constantes vitales, me hace sentir hoy más que nunca, un desarraigado.
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Como buen hijo de Adán, afortunadamente, nací manchado por pecado original, la marca de nacimiento que me hace diferente, aun siendo igual a todos. La imperfección, la paradoja de la imperfección es la libertad con la que me expreso, la razón que subyace a mi yo, pero es sin embargo, al mismo tiempo mi condena.
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Es entonces, cuando la serpiente hace apología del exilio: “Estás aquí para ser feliz”, yo, como buen hijo de Adán, tomo la manzana, para automáticamente, salir del paraíso. Nunca más seré lo que soy, mi casa, tranquila, será por siempre más un recuerdo, y yo, un exiliado de mi nombre.
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No sé si es a eso a lo que se refiere Camus en su libro “El extranjero”, o si focaliza más bien la descoordinación entre sistemas de referencia espacio-temporales del ser humano. Pero basta, ya de conjeturas acerca de libros que no he leído.
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Quizás, sólo queda reconocer, con humildad, que esa primera distancia, que nunca se vence, entre el hogar y mis constantes vitales, me hace sentir hoy más que nunca, un desarraigado.
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PD: Si alguien les dice todo lo contrario "Estás aquí para sufrir", también les miente. La clave será la dará Albardial en sus citas de Oteiza..

4 comentarios:
Qué triste Flasche, el desarraigo es soledad. Me has descubierto a Oteiza, gracias.
¿Será que de los años y los movimientos sólo nos quedan cicatrices? Y que, por eso, la idea de la felicidad absoluta se nos manifiesta cada vez más como una constante inalcanzable...
Lo saluda, Dr., otra desarraigada, de por acá.
Bueno... però ets jove, tens moltes sortides a més... aqui t'esperen, recordes?, no estàs sol!
me quedò resonando, muuuy internamente eso que decis de la primera distancia, entre el hogar y tus constantes vitales, por acà, por allà, ahora mismo, somos esto y todo lo demas. Me encanta la diversidad del texto, resalta mis incertidumbres pero tambien las ganas de encontrar respuestas, de hacer ida y vuelta, cada dia... y tambièn para ser "felices", entre comillas por sea lo que sea que signifique esa palabra. La conocemos en escencia.
besotes,
Vero.
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