Estimada Marina,
La primera vez que te dije que iba a escribirte una carta me encontraba en una situación parecida a la de ahora: bloqueado. Por eso no lo hice entonces. Por eso me cuesta tanto hacerlo ahora. He aquí la razón por la que llevo casi una semana fuera de “Al pensamiento”. No es falta de ideas. Es, simplemente, que los verbos se resisten a abandonar las yemas de mis dedos.
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Es curioso, una de las cosas que pensé decirte en aquella ocasión es que siempre soñé con visitar Buenos Aires. La Argentina para mí es un mito desde hace mucho tiempo. Por eso, hace un año que empecé a soñar con la posibilidad de tomarme medio año sabático después de finalizar mi doctorado para viajar por Sudamérica. Incluso tengo una invitación para visitar Sao Paolo de un buen amigo que hice en Barcelona antes de venirme a Canadá.
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Esa era una de las cosas que quería decirte entonces, pero una de las secundarias. Si la repito, si la escribo ahora es porque Canadá lo cambió todo. Mi estancia en Montréal está ahuyentado mis deseos de pasar medio año de mi vida viajando y conociendo otros países, otras realidades. Sin duda, ahora es un buen momento, y como con Montréal, debería aprovechar la oportunidad. Es más, uno de mis mejores amigos de la infancia comienza a partir de enero una ruta por Bolivia, Perú, Colombia, etc. y me resultaría muy fácil incorporarme y hacer camino junto a él.
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Sin embargo, ¿qué sentido tendría? Para empezar estoy empezando a posicionarme seriamente en contra del verbo: “Aprovechar”. Una cosa tan inocente, un deseo tan benigno: “aprovecha la oportunidad”, me parece en el fondo peligroso. Lo que voy a decir es una exageración, y soy consciente de ello, pero en cierta manera el mensaje es: acumula vivencias, acumula escenarios, acumula fotografías, etc. Me cuesta encontrar las palabras oportunas para precisar el sentido de lo que quiero decir. La cosa es que me parece que ese inocente ‘aprovecha’ se acaba convirtiendo en un castigo y en una hipoteca a largo plazo. Manifiestamente aquí hay un juego entre los dos sentidos posibles de la implicación, lo que salvaría el obstáculo formal, pero al menos, creo que hay materia suficiente para reflexionar sobre en qué piedras fundamentamos nuestra felicidad. Y sobre algo de economía global que nos afecta también como personas: la demanda continuada de crecimiento.
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Y eso me lleva, a lo que realmente quería decirte cuando te dije que te iba a escribir. Entonces y ahora quería hablar de lo cotidiano. A veces me sorprende como lo complicamos todo, como lo enmarañamos todo. Detesto las segundas intenciones, las segundas lecturas, la picardía, y detesto el ‘aprovecha’ aplicado a las personas. ¿Por qué? ¿Para qué?
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Canadá, la soledad, las lecturas que aquí me traje me han abierto nuevas perspectivas, nuevas ideas, con ellas, nuevas respuestas [esto representa una pequeña contradicción con lo dicho anteriormente que pone de manifiesta la necesidad de precisar mejor las ideas aquí vertidas]. Pero cuando uno se va a lo práctico, siempre acabo a la misma pregunta: ¿por qué todo resulta tan complicado?
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Habiendo pequeños momentos que son intensos y últimos. Habiendo el amor y la familia. Habiendo valores como la humildad, la honestidad, la suavidad, la bondad, habiendo todas esas cosas, ¿Para qué nos enfrascamos en juegos globales? ¿En competiciones fanáticas entre imitadores?
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Imitamos lo que nos hace feliz, pero imitando, nos hacemos inmunes. Como el drogadicto que continuamente busca recuperar las sensaciones de la primera dosis, cada vez necesitamos mayores dosis para obtener el mismo placer. Entonces necesitamos más locura, más fiesta, romances más pasionales, más locos, viajes cada vez más exóticos y excepcionales. O también, sin entrar al fetichismo del objeto, bien el de la mayoría o bien el de la minoría [ese que llaman alternativo], comprar más cosas, cambiar más veces de imágenes, convertirnos en algo realmente “cool”, parece realmente auténtico. Todo ello, imitaciones que nos alejan de la suavidad del sentimiento. Todo ello, la raíz de la complicación que nos lleva a convertirlo nuestra vida en una película, ya sea de Hollywood o de autor independiente.
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Olvidamos que no se trata de copiar, sino que la cuestión es ser [que de “Chespir” me ha quedado la cosa]. Copiar es un andar sin apenas avanzar. Ser, avanzar sin apenas andar. Copiamos demasiado, y sentimos, somos, bien poco.
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¿no crees?
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Eso es creo, lo que te quería decir.
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Un abrazo desde Montréal,
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David
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PD. Cuando regresé a Barcelona me gustará conocer a tus amigos.
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4 comentarios:
Lo pongo en contexto, Dr. Son las 9.20 de la mañana acá en Buenos Aires. La rutina de cada mañana me subió al tren durante diez minutos, caminé las tres cuadras que separan a la estación de mi lugar de trabajo y entré. Encendí la computadora, caminé por los pasillos, saludé con un beso a cada uno de mis compañeros de trabajo. “¿Cómo están esta mañana?”, repetí unas cuatro veces. Llené el termo con agua caliente, preparé mi mate y me senté. Todo indicaba que éste sería un día más -como casi todos los que están embebidos por lo que parece obvio (cómo si la obviedad existiera, Dr. qué palabra tan ridícula)- y ahí me encontré con su carta. Recibir una carta, en el formato que sea, hace que todo se vuelva distinto. En este mundo que aparenta estar excedido de comunicaciones, en el que hablamos tanto que da la sensación de que no queda nada por decir, no es algo habitual. Y nos leemos entre todos, y nos opinamos y de pronto, alguien a quien no le conozco el gesto de su barba, me escribe y yo siento los pulmones llenos de aire puro. Gracias por eso, Dr.
Quiero decirle que todo lo que expresa tiene mucho que ver con algunas cosas que pienso últimamente. ¿Será que percibió esa conexión? Ojala disfrute mucho de su estadía en Canadá. Del mismo modo, creo que “aprovechar” es otra de esas palabras algo cómicas. ¿Podremos saber nosotros si una situación será en verdad de provecho para nuestra vida, dentro de nuestro aprendizaje? Yo en cambio creo que las enseñanzas llegan cuando menos lo esperamos, en la página de un libro, en una postal que nos hace pensar distinto, en prestar atención a nuestra intuición y, luego, cuando prestamos atención a nuestro pensamiento. Cuando confiamos. El protector de pantalla de mi computadora dice: “Trust”. A veces nos olvidamos de confiar en nosotros. ¿Y en quién más sino, estimado Dr.?
Y lo que dice de la simpleza. Qué búsqueda. ¿Sabé? Tengo una remera que dice: “No soy cool”. Me la hizo una amiga. Un día estábamos conversando y yo le dije eso. Ella se río, se sacó su remera y escribió con un aerosol. La uso seguido. Pero no para que los demás lo sepan, sino para no olvidarlo yo. Porque, ¿sabé? A veces también me cuesta recordar, evitar el snobismo, y me pongo a imitar.
Con todo, creo que usted tiene las cosas lo suficientemente claras, Dr. Entonces, le repito: ojala que disfrute de su estadía en Montreal. Mándele un deseo de buen viaje a su amigo. Y sepa que aquí en Buenos Aires, usted tendrá, cuando sea que lo sienta, una persona para visitar. Me gusta el vino, la cerveza y tomo Fernet. Vivo en un barrio muy lindo, a unos 45 minutos de la capital. Confío en que algún día podremos seguir esta conversación, bajo algún árbol y disfrutando de alguna bebida.
Las palabras se entrelazan donde menos lo imaginamos. Las personas, también. El menos esperado toca la puerta de los sentidos, y ellos, lo dejan entrar porque así lo deciden. Gracias por regalarme sus pensamientos que se suceden, por andar por ahí y por haber llegado hasta mí. Me conmovió. Saludos, Dr. Ahora son las 9.45 de la mañana, acá en Buenos Aires.
Brillante hermano, brillante..pero no es tan fácil el camino que propones, eso sí, cuenta conmigo!!!
de que belleza y sinceridad, Dr.
por eso de que imitar es un andar sin avanzar, creo que la originalidad no existe, es tan sólo ser auténtico, y ahí fluye lo más de uno que hay.
qué hace en Montreal?
saludos!
ALERTA!
La estafa automotriz mas grande en el territorio Mexicano…
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Gracias
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