A la espera de publicar el segundo post que tengo en mente sobre las elecciones generales del pasado mes de marzo, quiero colgar antes este otro, sin el que creo que no se puede entender el post anterior.
La estrategia, y de la estrategia a seguir versaba el post previo, es necesaria pero no suficiente. Sin otros pilares que equilibren el frente, todo avance es simplemente virtual e inefectivo. Falta pues mucho aun por debatir y discutir.
Una vez tuve la ocasión de leer una entrevista al subcomandante Marcos. En un momento de la misma, el entrevistador le preguntó a Marcos que por qué no se postulaba como candidato presidencial. La respuesta que dio el zapatista a esta pregunta aún hoy me parece básica y fundamental. “Por encima del poder, hay más poder. Mi objetivo no es gobernar México, es transformarlo”. El poder por el poder, al igual que toda estrategia para conseguirlo se me antojan huecas e ilegítimas si no se acompañan de un intento por transformar la sociedad.
En este punto de mi hilo argumental es donde entran Obama y Hillary Clinton. Cierto es que me identifico mucho más con el discurso de Obama que con el de la Sra. Clinton, salvando obviamente, el escepticismo que me provoca la gran distancia geográfica que nos separa y que filtra salvajemente cualquier información. Pero no menos cierto es también, que el discurso de Obama me genera un gran número de dudas. ¿Qué sé del equipo de Obama? Honestamente, nada. Su discurso me convence, pero una única persona no puede cambiar un país. Una persona, un hecho significativo pueden resultar catalizadores de un cambio, pueden ejercer de núcleo alrededor del cual crecer la revolución, pero nada más. Una semilla, sin tierra fértil y agua abundante muere, no da fruto por mi buena que esta sea.
Sé que el discurso de Obama le sitúa con posibilidades de conseguir el poder, pero qué herramientas propone para cambiar la sociedad, ¿en qué terreno va a caer su semilla? Utilizar un lenguaje tan íntimo y sentimental como el hace, aludir de forma constante a unos valores tan elevados como un futuro mejor, justo e igualitario, puede darle el poder, pero no puede hacer de la sociedad norteamericana una sociedad mejor.
Llegados a este punto creo que a mi argumento le falta un último hueco por llenar. Cuando hablo de transformar la sociedad, no lo hago desde una perspectiva ilustrada. Aunque si bien, estaría bien que unos pocos se dedicaran a reflexionar sobre nuestro futuro, a sentar las bases de un proyecto a largo plazo, de la reflexión del cambio nadie deber quedar fuera y toda opinión libre y altruista debe ser respetada. Entre otras muchas razones, porque entre el verbo y el sustantivo, entre transformar y transformación, entre cambiar y cambio, intuyo una duda similar a la del huevo y la gallina: ¿Cuál de los dos fue el primero?
En otras palabras, tengo claro que el cambio ya está marcha, pero desconozco a donde nos lleva éste. Es por eso que creo que ahora es cuando se necesita una reflexión de base. Ahora es cuando necesitamos sentar las bases de la sociedad futura, escoger los valores de la misma y elegir el modelo a seguir. Esta es para mí la discusión clave. Por eso me pregunto: ¿Se ha hecho Obama esa pregunta? Clinton y McCain seguro que no, por espero y deseo que sí, espero que sea su momento, y que alrededor de él haya las personas y el equipo necesarios estimular y promover la revolución y el cambio.